Renovación Carismática en el Espíritu



De la Experiencia Fundamental

Lo esencial de la Renovación Católica Carismática es la experiencia del encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo y resucitado, aceptándolo como único Señor y Salvador de nuestras vidas, recibiendo el bautismo en el Espíritu Santo para vivir como hijos de Dios en medio del mundo.

Esta experiencia la puede vivenciar todo personas con entera libertad, solo dependiendo para ello de la gracia y soberanía del Espíritu Santo.

De Renovación Católica Carismática

La Renovación Católica Carismática (RCC) es una corriente de gracia regalada al mundo en los tiempos actuales por el Espíritu Santo, que reconoce una continuidad con la gracia de Pentecostés que ha atravesado la Iglesia desde sus orígenes, y en el siglo XX, a través del Movimiento Pentecostal surgido en las Iglesias Evangélicas Norteamericanas a principios de ese siglo, y particularmente la RCC reconoce sus raíces en el Concilio Ecuménico Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII, quien pidió al Señor un nuevo Pentecostés para la Iglesia.

Esta corriente de gracia se manifiesta visiblemente en una reunión diversa de personas, grupos y actividades, con diferentes modos de vinculación y que, sin embargo, participan de la misma experiencia fundamental, buscando los mismos objetivos con un espíritu de unidad en la diversidad.

Los objetivos centrales de la Renovación Carismática Católica, en adelante RCC, o Renovación en el Espíritu Santo, consisten en:

a) Promover una conversión personal, madura y continua a Jesucristo vivo y resucitado, aceptándolo como único Señor y Salvador.

b) Propiciar una apertura decisiva hacia la persona del Espíritu Santo, su presencia y su poder.

Con frecuencia, estas dos gracias espirituales se experimentan a la vez en lo que se llama, un “Bautismo en el Espíritu Santo”. Se entiende por ello la aceptación personal de las gracias de la iniciación cristiana, recibiendo fuerza para poder realizar el propio servicio personal en la Iglesia y el mundo.

c) Fomentar la recepción y el uso de los dones y carismas del Espíritu Santo, no solamente en la RCC, sino también en la Iglesia entera y en todos los ámbitos de la existencia. Los carismas ordinarios y extraordinarios se encuentran en laicos, religiosos y clérigos, y son una fuente de fuerza para los cristianos en su camino hacia la santidad y en el cumplimiento de su misión.

d) Animar la obra de evangelización con el poder del Espíritu Santo y con el testimonio personal, incluyendo la evangelización de quienes no participan en la Iglesia, la reevangelización de los cristianos, la evangelización de la cultura y de las estructuras sociales.

e) Participar en la misión de la Iglesia y bajo la guía de los pastores, colaborar en la búsqueda de la unidad de los cristianos, desde una perspectiva ecuménica, dando testimonio de Jesucristo mediante la vida personal y aquellas obras de fe y justicia a las que cada uno está llamado.

f) Impulsar el crecimiento progresivo en santidad, a través de la integración de estos dones carismáticos con la vida plena de la Iglesia. Esto se realiza mediante la participación en una rica vida sacramental, el aprecio por la espiritualidad católica, la formación doctrinal guiada por el magisterio de la Iglesia y la participación en su plan pastoral.

Con el propósito de colaborar con el Espíritu Santo al crecimiento humano y espiritual de las personas que participan en esta corriente de gracia y apoyar su experiencia Pentecostal, así como su integración en la Iglesia Católica, se ha constituido un cuerpo de servidores discernidos y elegidos por sus comunidades, a quienes se les reconoce autoridad de tipo carismática y responsabilidad, en orden al servicio y la comunión.

La gracia a un encuentro de corazón con Dios mediante el “bautismo en el Espíritu”, constituye la corriente de gracia y núcleo de vida e irradiación de todo lo que llamamos Renovación Carismática Católica. Exteriormente, el conjunto diverso de grupos, comunidades, ministerios y actividades en que se expresa esa corriente, junto con su cuerpo de servicio de cobertura nacional constituyen lo que podría denominarse un movimiento eclesial.

En Osorno, se comenzó con dos experiencias de Renovación:

1.- En el año 1974 con la Hermana Isabel Olmedo y una comunidad de Oración en la Parroquia San José de Francke.

2.- con el padre Carlos Aldunate, Jesuita en 1974, partió con otra comunidad en una casa particular, que luego se trasladó a salones de la Catedral de Osorno.

Posteriormente se iniciaron otros grupos en Purranque y Rio Negro con el padre Juan Falther, religioso de la congregación Preciosa Sangre.

En la actualidad funcionan los siguientes grupos de oración


Ángela Jaramillo - Encargada Diocesana

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